Atada y Amordazada: Dixie en la Bodega Abandonada
No había forma de escapar de su cruel destino. La desafortunada Dixie ha sido capturada por el Cazador y arrastrada hasta una bodega abandonada. Sus brazos están brutalmente atados a la espalda con cuerdas que le inmovilizan los codos contra la espalda. Él la empuja sobre un viejo cubo mientras ella suplica y llora. Para callarla, le mete un trapo sucio en la boca y luego le envuelve una venda elástica entre los dientes y alrededor de la cabeza para sellar el paño en lo más profundo. Le da una bofetada para que grite y probar la eficacia de la mordaza. Insatisfecho, saca cinta americana y la envuelve sobre la venda para acallarla aún más. Luego cruza sus tobillos y comienza a atarlos, pero escucha un ruido antes de poder apretar bien las cuerdas y se aleja a investigar. Dixie se da cuenta de que sus tobillos no están bien sujetos y aprovecha para intentar escapar. Mueve los pies para liberarse de las cuerdas y, pronto, logra zafarse y ponerse de pie. Avanzando con cautela entre las viejas máquinas, se dirige hacia la salida, pero al escuchar que él regresa, corre a esconderse. No tiene mucho tiempo y se agacha detrás de unas máquinas. Escucha cómo encuentra las cuerdas que se quitó de los tobillos y se encoge de miedo conteniendo la respiración. Dixie oye cómo la busca, pero respira aliviada cuando lo escucha alejarse. Sale con cuidado de su escondite y busca otra salida. Encuentra una enorme puerta de acero e intenta abrirla, pero sus manos están tan entumecidas por estar atadas durante tanto tiempo que no logra agarre y llora de frustración. Tiene que encontrar otra salida. Se mueve sigilosamente por la bodega, escuchando cualquier sonido de él. Pero su suerte se acaba cuando dobla una esquina y él la ve. Dixie gira sobre sus talones y huye, pero en su pánico tropieza y cae al suelo. Antes de que pueda levantarse, él está sobre ella, le agarra los tobillos, los cruza y le abre las piernas de par en par. La ata en posición de hogtie en el suelo. Luego le saca las tetas del vestido y le pellizca los pezones. Dixie llora en su mordaza, aterrada e indefensa. A continuación, saca una bolsa de plástico y le dice que ya le ha causado suficientes problemas. Dixie grita contra su mordaza al darse cuenta de lo que piensa hacer con la bolsa.