Carissa Dumond – Cautiva sexy en lencería de leopardo
Carissa, una mujer de negocios con curvas espectaculares, va tarde a una reunión importante y aún no decide qué ponerse. Viste una sexi lencería de leopardo, sujetador, bragas, liga y medias de red mientras mira hacia abajo, distráida. No escucha al intruso hasta que su mano robusta le tapa la boca y su otro brazo la agarra por la cintura, inmovilizando sus brazos contra su cuerpo. Con voz ronca, le susurra al oído que se quede quieta. Carissa, aterrada e indefensa, asiente con la cabeza mientras él le explica que no estará mucho tiempo, que acaban de escapar de prisión y la policía rastreando la zona. Promete que no le hará daño si coopera. Ella asiente y él retira la mano de su boca, sacando una cuerda. Carissa empieza a hacer preguntas mientras le ata las muñecas detrás de la espalda. El fugitivo le dice que pregunta demasiado y debe amordazarla. La gira y le mete varios trapos en la boca, luego coloca otro trapo entre los labios y lo ata alrededor de su cabeza para mantener el relleno en su lugar. La empuja sobre la cama, toma más cuerdas y la ata fuertemente. Carissa forcejea en la cama, atada y amordazada. Sus piernas curvilíneas están unidas con cuerdas apretadas en los tobillos y las rodillas. Sus brazos están inmovilizados a la espalda con cuerdas que rodean su pecho, hombros, vientre y brazos, todo apretado. Le dice que volverá pronto y sale a revisar si la policía está cerca. Carissa se retuerce en la cama, tirando desesperadamente de las cuerdas, pero no hay esperanza de escapar. Entonces recuerda que dejó una lima de uñas sobre la mesa junto al espejo de su habitación. Con dificultad, se baja de la cama y salta con los pies atados hasta la mesa. Agarra la lima con sus manos atadas y se da la vuelta para ver lo que hace, comenzando a serrar las cuerdas con la lima. Es frustrante lo lento que es cortar las cuerdas con una lima. Sierra frenéticamente las cuerdas de sus muñecas, pero el fugitivo regresa y la pilla en el acto. Le quita la lima, la levanta y la lanza de nuevo a la cama. Le dice que se irá pronto, pero necesita asegurarse de que no pueda avisar a la policía durante unas horas. Agarra un pañuelo viejo y lo ata sobre su mordaza para ahogar aún más sus sonidos. Luego la ata en posición de hogtie sobre la cama. Le explica que, como va tarde a su reunión, alguien del trabajo seguro vendrá a buscarla, pero para entonces él ya habrá desaparecido. Deja a la pobre Carissa, indefensa y sin esperanza, atada en hogtie en la cama. Después de un rato de forcejear sin éxito, escucha que alguien tocan a su puerta y luego anuncian que son la policía. Carissa grita pidiendo ayuda a través de su mordaza, pero sus gritos son tan ahogados que no hay manera de que la escuchen. Tras un momento, los golpes cesan y las esperanzas de Carissa de ser rescatada se desvanecen. Logra aflojar parte de su mordaza, pero no lo suficiente para que sus gritos se escuchen fuera de su habitación. Tira de las cuerdas, dándose cuenta de que pasará un buen rato antes de que la rescaten.