Carmen atada en acero: lucha intensa y desesperada
La curvilínea Carmen queda indefensa y luchando contra el acero. Se revuelve en el suelo atada con esposas y cadenas de metal. Sus muñecas están sujetas detrás de la espalda con esposas policiales de acero, y un par de esposas para pulgares le aprisionan los dedos. Sus piernas están dobladas con los tacones de aguja presionando su culo, mantenidas en su lugar por grilletes en los tobillos. La cadena entre las esposas se enrosca alrededor de su muslo, y la otra espoleta se bloquea a la cadena cerca de sus tobillos, dejándola efectivamente atada en posición de rana. Un bozal de panel de cuero brillante le sujeta la cabeza, con una pelota de goma entre los dientes para mantenerla en silencio. Una cadena sujeta a un anillo en la parte superior del bozal tira de su cabeza hacia atrás y se conecta a sus piernas atadas. Carmen queda sola para forcejear con la apretada atadura de acero, mientras las esposas y las cadenas se clavan en su carne. Llora, maldice y suplica a través del bozal pidiendo ayuda, pero no hay nadie cerca para ayudarla: no hay escape.