Crónicas de Rachel: Atada y Sin Escapatoria
¡Ah, Rachel! ¡Qué mujer increíble! Siempre me emociona cuando viene a verme, especialmente esta última vez cuando me pidió que la atara bien fuerte para que pudiera forcejear y fingir que la habían secuestrado. No tuve más remedio que complacerla: la amarré con cuerdas bien apretadas y le metí una bola grande y gorda en la boca para que pudiera gruñir y forcejear todo lo que quisiera. Por supuesto, me aseguré de que estuviera cómoda, pero para mi sorpresa, ¡quería que la atadura fuera aún más ajustada y restrictiva! ¿Cómo ibas a decirle que no? La até de manos y pies con una hogtie bien apretada, disfrutando de sus gemidos y balbuceos mientras sus brazos quedaban inmovilizados junto a sus tobillos. Desafortunadamente, Rachel creía que me quedaría a jugar con ella, pero tenía trabajo que hacer, así que tendría que aguantar (y escapar) por su cuenta. Por supuesto, escapar era imposible, y se puso furiosa al quedarse sola, pero para ahora ya debería estar acostumbrada a este tipo de cosas, ¿no?