De robo planeado a atadura dolorosa: la pesadilla de Mallory
Mallorys Mistake – Parte Cuatro
Mallory seguía atrapada en las garras del hombre al que pretendía robar, y su calvario de atadura empeoraba por momentos. Ahora estaba amarrada en cruz sobre la cama, con una cuerda ajustada en la entrepierna que se le clavaba en el coño. Su boca estaba rellena y sellada con una mordaza de cinta adhesiva que le impedía hacer el menor ruido mientras su captor disfrutaba castigándola. Él tiraba una y otra vez de la cuerda, deleitándose con sus gemidos ahogados y sus intentonas de escapar. Sus ojos se abrieron de par en par cuando él le explicó lo que tenía planeado para ella, y al ver que renovaba sus esfuerzos por liberarse, decidió que tenía que aprender a someterse. Tomó unas tijeras y le cortó las bragas del cuerpo, tirando de ellas lentamente contra la cuerda de la entrepierna antes de doblarlas con fuerza y metérselas en la boca, ya repleta con la mordaza. Luego enrolló más cinta alrededor de su cabeza, sellando por completo su boca y atrapando el paquete sucio en su interior. Mallory pronto descubrió que su respiración estaba muy limitada, el único aire que entraba era por la nariz debido a la mordaza hermética. Pero su captor lo sabía muy bien y disfrutaba pellizcándole la nariz, cortándole por completo el suministro de aire. Cada vez que soltaba su agarre, la chica aspiraba todo el aire que podía, pero sus esfuerzos siempre se veían obstaculizados por los constantes tirones de la cuerda, ahora hundida profundamente en su coño desnudo. Finalmente, el hombre se cansó del juego y le pegó otra tira de cinta sobre la nariz, cortándole el aire por completo. Mallory lo miró con los ojos llenos de pánico mientras él la dejaba sola para que se preguntara cuánto tiempo sobreviviría.