El Encuentro Sorpresivo de Crystal – Una Historia de Atadura
Cuando él entró y agarró a Crystal, ella se preparaba para una cita caliente. Rápidamente se cubrió con su suéter mientras el hombre la tomaba del pelo y la obligaba a sentarse. Le dijo que, una vez que consiguiera lo que quería, se la llevaría para asegurarse de escapar antes de que llamara a la policía. Ella le suplicó que no la llevara, pero le propuso atarla en su lugar. Le pidió que la amordazara para que no pudiera gritar. Él lo pensó y decidió hacer las cosas a su manera. Pero una vez que la tuvo atada, algo extraño pasó: Crystal se excitó tanto que le dijo que, como probablemente perdería su cita, quería que él se la compensara. Cuando él le pidió que se explicara, ella le confesó que quería que la tomara mientras estaba atada, amordazada e indefensa. Después de meterle y atarle uno de sus tangas en la boca para amordazarla, la dobló sobre sí misma. Con su trasero curvilíneo al aire, le bajó las bragas y pronto Crystal gemía fuerte a través de la mordaza. La escena termina con Crystal muy satisfecha, aún atada y amordazada, con las bragas abajo, los pechos al descubierto y sin arrepentirse de haber perdido su cita. De hecho, le dejó claro que podía volver a robarla cuando quisiera.