Encanto BDSM: La lucha de Kali en satén y tacones
La reina del baile pensó que había escapado al bosque.
Kali se defendió del Cazador y huyó al bosque con su vestido de graduación rosa, guantes y tacones. Se abría paso entre los árboles esperando haberla eludido. Por desgracia, sus brazos eran inútiles, atados cruelmente apretados detrás de la espalda con los codos soldados estrechamente juntos. La tela de satén de sus guantes hasta el hombro poco protegía sus brazos y muñecas de las cuerdas apretadas y mordaces. Estaba agotada mientras tropezaba por el bosque. Kali estaba completamente perdida y confundida sobre qué camino tomar. No vio la raíz del árbol que atrapó su zapato cuando cayó al suelo. Lloró de frustración y dolor y se sentó en el suelo unos momentos para recobrar el aliento. Pero sabía que no podía descansar mucho tiempo, tenía que encontrar ayuda o al menos liberar sus brazos de las crueles cuerdas. Cuanto más caminaba, más confundida y desesperada se volvía. Sentía que daba vueltas en círculos. Ni siquiera lo escuchó llegar cuando el Cazador saltó desde detrás de un árbol. Kali dio media vuelta en sus tacones e intentó huir. Pero en su estado de agotamiento y el terreno irregular, tropezó y cayó. Estuvo encima de ella en un segundo e intentó patearlo y luchar contra él con sus stilettos. Pero él desvió fácilmente sus patadas y la inmovilizó con un brazo alrededor de su garganta y XXXX una gran bandana en su boca. Kali lloró y gemía mientras él envolvía cinta vet negra alrededor de su cabeza, sellando su bozal apretado. La empujó al suelo y se paró sobre ella. Kali miró hacia arriba suplicando con los ojos mientras él deja caer más cuerda sobre ella. Luego la dio la vuelta sobre su vientre y la ató en posición de cerdo para que sus tacones stiletto fueran tirados hacia sus manos enguantadas. Se levantó y se fue dejándola completamente impotente atada en el suelo del bosque. Le dijo que volvería en una hora más o menos y entonces irían a dar un pequeño paseo. Kali lo vio desaparecer entre el matorral. Tiró de las cuerdas impotente, rodando por la tierra y las hojas. Esta vez no habría escape, toda esperanza se había perdido.