La Batalla de los Tacones: Carissa y el Cazador
Pinzas de acero en los pezones de la rubia busto grande con botas
La voluptuosa rubia Carissa es arrastrada hasta la guarida del Cazador, sujetada por sus muñecas fuertemente atadas. Los tacones de aguja de seis pulgadas de sus botas negras arañan el suelo mientras intenta escapar, pero él la domina y la lleva hacia una cadena que cuelga de un polipasto. Carissa suplica y ruega mientras él ata sus muñecas a la cadena y agarra el mando. Tira desesperadamente de las cuerdas mientras la cadena es izada por un cabrestante eléctrico. Carissa queda suspendida cada vez más alto hasta que su cuerpo queda estirado y sus tacones de aguja pierden contacto con el suelo.
El Cazador agarra más cuerdas mientras ella forcejea en su atadura. Pasa una cuerda alrededor de su tobillo derecho con bota y lo arrastra hasta un anillo en el suelo, atándola. Luego, otra cuerda rodea su tobillo izquierdo y su bota es arrastrada hasta otro anillo, dejándola con las piernas abiertas de par en par. Sigue suplicando, declarando su inocencia, mientras él abandona la habitación.
Carissa mira a su alrededor y tira con desesperación de las cuerdas, pero es inútil: su cuerpo permanece estirado y tenso. El Cazador regresa, saca sus grandes tetas de la ajustada y brillante ropa interior negra y las manosea. Luego saca un par de pinzas de acero para los pezones. Carissa jadea de terror y tira con fuerza de las cuerdas para escapar, pero no puede hacer nada mientras él coloca las pinzas de acero en sus pezones expuestos. Grita de dolor cuando las mordazas aplastan sus pezones. Sigue suplicando que le quite las pinzas, pero él ignora sus quejidos y llantos, dejándola sola para sufrir en su cruel atadura.