Luchas de Seda – Espíritu en Seda y Raso
Espíritu escapa y es perseguida por el bosque. Al despertar, se encuentra encadenada con esposas en el sótano del Cazador. Las frías esposas de acero que le sujetan las muñecas detrás de la espalda están atadas a un poste con una cuerda. Se levanta con dificultad, tirando de la soga, intenta romperla para liberarse. Frota la cuerda contra el poste para debilitarla hasta que, por fin, logra desatar los nudos y busca una salida de su prisión subterránea. Prueba varias puertas hasta encontrar la salida. Ahora la vemos corriendo por el bosque con las manos aún esposadas a la espalda, avanzando con dificultad entre la maleza con sus botas de tacón, perdida y confundida. Al llegar a un claro, cae de rodillas para recuperar el aliento, pero el Cazador está cerca. Antes de que pueda levantarse, él la derriba. Le vuelve a meter la mordaza de bola en la boca y la sella con capas de cinta americana. Sus codos son atados con fuerza detrás de la espalda. Luego, le ata las rodillas con más cuerda y la obliga a arrodillarse. Sus brazos son izados hacia atrás y amarrados a una rama sobre su cabeza. Después de atarle los tobillos, la deja allí para que sufra sola.