Nyxon y el fontanero: Una lección de sumisión
Nyxon está harta de que su fontanero no termine el trabajo a tiempo. Cuando él se atreve a responderle con actitud, ella no duda en echarle un vaso de agua gigante para callarlo. Él, en vez de disculparse, la agarra, la arrastra al salón, le quita el vestido y la ata bien ajustada con cuerdas para darle su merecido. Para rematar, le mete un enorme gag de anillo en la boca, dejándola babeando y forcejeando en el suelo como una perra sumisa.