Sahrye Prueba de Límites No Intencionados
Sahrye estaba en el sótano buscando algo cuando su vecina Sahrye llegó a visitarlo. Ella le confesó que se aburría y quería quedarse un rato con él. Mientras ella tocaba cosas por ahí, él le advirtió que quizá debería irse a casa. Pero entonces encontró unas grapas plásticas y le preguntó para qué servían. Al no gustarle su explicación, ella le soltó que *quería* que la atara con eso. *«¡Ni loca! ¡Tu madrastra se enteraría!»*, le respondió él, añadiendo que su esposa también se pondría furiosa si se enteraba. Pero Sahrye no cedió: lo amenazó con armarle problemas si no se portaba bien. Él no tuvo más remedio que agarrarla y amarrarle las manos con las grapas detrás de la espalda. No se detuvo ahí: usó más grapas hasta dejarla bien atada y ajustada. Al principio protestó por el dolor, pero pronto el sentirse indefensa la excitó aún más. Para empeorar las cosas, Sahrye le dijo que le encantaba gritar cuando se excitaba. *«¿Y qué piensas hacer con eso?»*, le preguntó ella. Él sacó un par de bragas enormes de su esposa, las arrugó y se las metió en la boca. *«¡No, no me las pongas, son de tu mujer y son enormes!»*, intentó decir, pero no tuvo opción. Las empacó bien y le pegó cinta alrededor de la cara y entre los dientes para silenciarla. Sahrye entró en pánico: no solo le dolía, sino que no podía decir nada. Intentó moverse, pero con la boca llena y la cinta ajustada, casi se ahoga con el enorme ovillo de tela. Después de dejarla un rato así, atada y ahogada, él regresó. *«¿Ya te cansaste?»*, le preguntó. Con un balbuceo ahogado, ella respondió *«¡NO!»*. Él sonrió y decidió subirle el listón: le puso otro par de bragas sobre la boca, le añadió más cinta y, levantándole la falda, le dio un par de cachetadas fuertes en el culo *a través de las medias y las bragas*. En vez de molestarle, eso solo la excitó más. ¡Y mucho!