Terciopelo y Cuero: La Pelirroja Maggie Atada y Secuestrada
La debutante pelirroja y curvy Maggie se viste con un ajustado vestido de terciopelo, guantes largos de satén, medias de nylon y tacones altos, sin imaginar el peligro que la espera tras la puerta de su habitación. Al salir, es agarrada por detrás por el Cazador, un hombre encapuchado que la electrocuta, dejándola sin fuerza en el suelo. Aunque intenta recuperarse, el Cazador la arrastra hacia el sofá, la sienta a sus espaldas y le obliga a abrir la boca para meterle un enorme trapo rojo de taller. Le rellena las mejillas hasta que sus mandíbulas sufren, y luego le envuelve la cabeza con una cinta elástica negra, empujando el trapo más adentro. Para mayor seguridad, le sella la mordaza con cinta americana, estirando aún más sus doloridas mandíbulas. Luego le junta los codos y los ata con finas cuerdas de cuero que se hunden en la carne sensible por encima de los codos; sus guantes de satén no la protegen del dolor. Después, la empuja boca abajo y le ata los tobillos con cuerdas de cuero que cortan a través de las medias finas. Con los tobillos bien sujetos, le ata las muñecas; Maggie llora de dolor al sentir cómo las cuerdas se clavan hasta los huesos. El Cazador la deja en el suelo, revolviéndose desesperada mientras intenta liberarse de las ataduras, pero el cuero aguantará firme. Al regresar, la obliga a saltar con los pies atados y los tacones altos, pero como aún está débil por la descarga, la carga al hombro y la lleva al garaje, donde hay un coche con el maletero abierto. La arroja dentro y, entre sus súplicas ahogadas por la mordaza, le ata los pies a las manos con más cuerdas de cuero, dejándola atada de forma hogtie. Cierra el maletero y Maggie queda en la oscuridad mientras el coche arranca. Escucha el ruido de la calle, la gente pasa ajena a su situación, y aunque intenta gritar pidiendo ayuda, la mordaza ahoga sus sonidos. El agotamiento la vence y se duerme, a pesar del dolor de las ataduras. Al despertar, oye el sonido de la puerta del coche y el cierre de una puerta de garaje metálica. Gime lastimeramente en el maletero sofocante hasta que el Cazador lo abre, la desata del hogtie y la saca, dejando sus muñecas, tobillos y codos cruelmente atados. La obliga a saltar con los tacones atados hasta una nave industrial, donde la cuelga de los codos atados con una cadena y un cabrestante. Maggie se mantiene en equilibrio sobre sus tobillos atados, con el terror de caerse y dislocarse los hombros. El Cazador le desabrocha el vestido de terciopelo, dejándola en ropa interior, guantes, medias y tacones. Luego le pasa una cuerda de cuero por la cintura y la baja entre las piernas, llevando la fina cuerda hasta su coño y su ano, mientras el satén y el encaje de sus bragas se le clavan. La cuerda pasa por sus muñecas atadas y vuelve a bajar entre las piernas, atándola al vientre. Vuelve a girar el cabrestante, levantando más sus codos y tensando la cuerda entre sus piernas, que se hunde aún más en su sexo, como si la fuera a partir en dos. La deja colgada, balanceándose sobre sus tacones, soportada solo por los codos y la cuerda del coño. Al regresar, intenta ponerle unas esposas en los pechos, pero la piel está demasiado tensa por la postura y no agarra bien. Vuelve con otro juego de esposas, esta vez ajustadas como un torniquete alrededor de sus tetas. Maggie llora en la mordaza mientras el Cazador saca unas pinzas sádicas y se las coloca en los pezones hinchados. Le ata una goma elástica a la cadena que une las pinzas y la estira hasta sus tobillos, tirando de sus pobres pezones. Pero al estirarlos, la piel de los pechos se tensa y las esposas se caen. Las retira y la gira hacia el cabrestante, estirando la goma hasta la cadena, tirando de sus pezones hacia arriba. Las pinzas aplastan sus pezones hinchados mientras son estirados hacia el techo. La deja atada, con las pinzas puestas, luchando por mantener el equilibrio en sus tacones, gimiendo en la mordaza sin saber qué más le deparará su captor.