Madalynn Raye – La Aventura de Atadura Sorpresiva
Madalynn Raye llegó a casa de su padrastro cuando su hijastra Dixie no estaba. *’¿Dónde está Dixie?’*, preguntó. Él le explicó que no estaría pronto y ella decidió quedarse a esperar. Entonces, con una sonrisa pícara, le preguntó si quería hacer algo divertido. *’¿Qué tipo de diversión?’*, preguntó él, intrigado. Madalynn fue hasta su auto y trajo una cuerda. *’¡Quiero que me ates!’*, le dijo con voz seductora. Al principio, él dudó, pero cuando ella comenzó a quitarse la ropa, dejando solo su sostén, liguero y medias de nylon, la situación cambió. *’Si no me ates, salgo corriendo en mi ropa interior pidiendo ayuda’*, le advirtió. *’¡Te lo pediste!’*, respondió él, tomándola y empujándola de rodillas. Con la cuerda, la ató bien fuerte. Madalynn, excitada y emocionada, no podía creer lo que estaba pasando. Pero su diversión duró poco: al verlo arrugando un par de bragas, supo lo que vendría. Intentó protestar, pero antes de que pudiera decir algo, él le metió y amarró las bragas en la boca como mordaza. Al principio, luchó contra la mordaza, ahogándose, pero pronto recuperó su actitud juguetona. Aunque su padrastro era mucho mayor, sentirse atada y a su merced la tenía al borde del éxtasis. Sin embargo, las cosas se torcieron cuando él le dijo que se iría, dejándola así. Antes de salir, la ató de piernas y brazos, y al cerrar la puerta, Madalynn forcejeó y gritó a través de la mordaza, suplicándole que no la dejara. Pero estaba sola, atada y amordazada, hasta que escuchó la puerta abrirse de nuevo. Era su amiga Dixie, y Madalynn tendría que dar muchas explicaciones.