Tacones y ataduras: La noche inesperada de Luci Lovett
La secretaria ingenua Luci Lovett, recién llegada a la ciudad como asistente personal, se queja con su amiga por teléfono de que tiene que cuidar al hijastro prodigio de su jefe, Poindexter, y no podrá ir al club. Su jefe se tuvo que ausentar por una emergencia y le pidió que vigilara a Poindexter, sin molestarlo en su habitación/laboratorio, solo por si necesitaba comida o compañía adulta. No ha escuchado ni un ruido desde que el chico se encerró en su cuarto, pero la curiosidad la lleva a acercarse a la puerta. Luci toca y lo llama, pero al no recibir respuesta, decide echar un vistazo. Al agarrar el picaporte, recibe una descarga de 50.000 voltios que la lanza al suelo, convulsionando, hasta perder el conocimiento.
Despierta más tarde desorientada, tendida de lado en el sofá. Intenta moverse y descubre que le han atado los codos con fuerza detrás de la espalda. Mira hacia abajo y ve sus largas piernas inmovilizadas con cuerdas en los tobillos y rodillas. Entonces recuerda la descarga al tocar la puerta y entiende que Poindexter le tendió una trampa a su bonita cuidadora y la ató mientras estaba inconsciente. Luci grita exigiendo que salga y la suelte, pero no hay respuesta. Frustrada y enfurecida, se arrastra del sofá y rueda por el suelo pidiendo ayuda, sintiendo cómo sus codos se rozan dolorosamente mientras sus manos se agitan inútilmente a la espalda.
De pronto, escucha que se abre la puerta de su habitación y ve al pequeño demonio acercarse. Luci le ordena que la suelte de inmediato, pero él tiene otros planes y le muestra un par de bragas frente a la cara. Al principio no lo entiende y sigue exigiendo que la desate, pero él acerca más las bragas y le dice que la necesita para uno de sus experimentos, pero que debe estar callada y no molestarlo hasta que esté listo. Entonces Luci se da cuenta de que piensa meterle las bragas en la boca para amordazarla. Le advierte que no puede hacerle esto a la gente, que no puede atar a chicas y usarlas para sus experimentos científicos dementes. Se niega a abrir la boca, pero al final es amordazada con las bragas y le envuelven la cabeza con cinta adhesiva, sellando el paño profundamente entre sus labios.
El pequeño diablo desaparece de nuevo en su habitación, pero no sin antes atarle una cuerda entre las piernas y, levantándole los pies hasta las manos, dejarla atada en posición de paquete con la cuerda en la entrepierna. Luci se debate desesperadamente en el suelo, asustada y preocupada por lo que planea hacerle. Tira de las cuerdas, pero no hay escape. Todo lo que puede hacer es rodar por el suelo, indefensa, esperando su destino a manos del pequeño científico loco.