Dama en Peligro: La Batalla de la Forajida en Tacones
Llegó a Florida para ver flamencos, no para ser uno. Mientras visita Florida, la esbelta Rogue cae en las garras del Cazador y se encuentra fuertemente atada y amordazada con una mordaza de bola en su guarida. Sus brazos están fusionados detrás de la espalda con cuerdas que aplastan sus codos completamente juntos y las muñecas atadas. Sus codos están atados a una cadena que cuelga de un polea en el techo. Rogue forcejea desesperadamente al final de la cadena, tirando, retorciéndose y girando para liberar sus brazos. Pero sus esfuerzos son inútiles y el Cazador entra con más cuerdas. Ata una soga alrededor de su estrecha cintura, luego la baja entre sus piernas y la entierra profundamente en sus bragas. Tira de la cuerda de entrepierna por la grieta de su culo y luego la pasa entre sus muñecas fuertemente atadas. Ajusta la cuerda con fuerza, obligando a que la soga se clave profundamente en su coño y bloqueando sus manos contra su trasero. Luego lleva la cuerda hacia abajo entre sus piernas y la ata en su barriga. Los brazos de Rogue ahora son completamente inútiles: sus codos están aplastados juntos, atados a la cadena y sus manos bloqueadas contra su culo por la cuerda de entrepierna. El Cazador se acerca al cabrestante y sube sus codos aún más detrás de su espalda. Mientras sus codos son elevados, la cuerda de entrepierna sujeta a sus muñecas se hunde más en su conejito. El Cazador se ríe y le dice que en Florida hay flamencos y que son conocidos por pararse en una pata para descansar. Rogue lo mira un poco confundida mientras él le dice que va a ser atada como un flamenco. Luego levanta su pierna del suelo y ata su tobillo a su muslo. Rogue llora contra su mordaza mientras intenta mantener el equilibrio sobre un tacón de aguja. Con sus codos atados a la cadena, cada vez que pierde el equilibrio, la cuerda de entrepierna se clava más en su coño y su culo. Su otra pierna está firmemente atada en posición de rana fuera del suelo mientras lucha por mantener el equilibrio. Luego ata otra cuerda a su rodilla, levanta su rodilla hasta el pecho y pasa la cuerda por encima de sus hombros y de vuelta a sus codos atados. Las cuerdas rodean su pecho y rodilla, fusionando su rodilla a su pecho. Observa a su cautiva de piernas largas mientras lucha por mantener el equilibrio sobre un tacón de aguja. Luego gira el cabrestante unos cuantos clics más y la deja para que luche en su cruel esclavitud.